Las cosas de Pandora
historias eróticas principalmente, aunque una parte mi forma de ser, también quede reflejada.

EL REGRESO…………de pandora

 Y a su regreso, ella le esperaba arrodillada en el sofá cubierta por las lágrimas de su impaciencia, desnuda, con el pálido cuerpo envuelto entre las sombras, con un temblor en los labios dijo:-Si.

Desde ese momento, con la alegría reflejada en la cara de su amante, su dolor desapareció, sus miedos se evaporaron y entre ellos se surgió un nudo invisible que los dejaría unidos por los restos. Al día siguiente, el regreso fue toda una sorpresa, ella le esperaba desnuda, en la cama de la primera planta, sin restos de lágrimas, con su pálido cuerpo bajo una luz cálida que dejaba ver la madurez en su piel. Había cintas negras atadas a sus tobillos y muñecas, que a su vez estaban ligadas a los extremos de la cama. Sintió una erección solo con verla en aquella situación, se acercó despacio y comprobó que los nudos fueran lo suficientemente fuertes, se alegró de hacerlo pues el último no lo estaba, sin duda ella lo habría dejado así por falta de práctica, ya aprendería, de momento se esmeraba por complacerle y anticiparse a sus deseos.

Se desabrochó la corbata y la anudó a los ojos de ella que no lo esperaba, toda aquella puesta en escena había requerido toda la imaginación  que tenía y los ojos vendados, eran toda una sorpresa. Se excitó en la oscuridad, imaginando el cuerpo de su amante sobre ella, se impacientaba esperando el calor de su piel.Notó como él se levantaba de la cama, escuchó unos pasos que se alejaban y empezó a llamarlo desde la oscuridad, no contestaba, el portazo la dejó helada, no podía creer que la rechazara. Se había esforzado mucho por sorprenderle y se sentía abandonada, además, no podría soltarse sola ahora que Mario había apretado todos los nudos. Empezó a sollozar, ¿que había hecho mal? Repasó mentalmente todos sus movimientos, trató de encontrar en que había fallado, intentó serenarse, ser racional, pero no se controlaba, gritaba desesperada para que regresara, él no lo hacía.

Lo que a ella le parecieron horas, fueron pasando, el frío se estaba apoderando de su cuerpo, notaba que tenía las extremidades congeladas. Por el resquicio de la ventana, estaba entrando un aire suave que en un principio había resultado agradable, pero que ahora, en aquellas circunstancias hacía que temblara. ¿Hasta cuando estaría allí? ¿Qué ocurriría cuando Mario regresara? ¿Sería capaz de hacerle daño? No tenía respuestas, no podía estar segura de nada, ella solo había dicho “Si” no había pedido explicaciones, ni había preguntado, solo ahora en la soledad y la oscuridad de la habitación, se daba cuenta de que el juego era un poco más perverso de lo que ella había imaginado, pero no se imaginaba cuanto. Pensando en su ingenuidad, se quedó dormida. 

Despertó al sentir algo caliente que le rozaba el oído, notó un aliento cálido en su cuello, sonrió imaginando que todo había formado parte del juego, no tenía nada de que preocuparse. Dejó que la lengua lamiera su cuello, deseaba ser poseída por él, intentaba olvidar esa larga ausencia y recordar la impaciencia que tenía cuando se ataba a la cama para esperarlo. Se fue excitando, los movimientos seguros de la lengua se deslizaban entre el lóbulo de su oreja y su cuello, llegaban hasta el mentón, su boca se abría esperando un beso que no llegaba. Una corriente recorría su cuerpo llegando hasta su sexo, empezaba a agitarse bajo la humedad de los labios, de los pequeños mordiscos que se alargaban hacia sus pechos.

Nunca había sido tan dulce como lo era en ese momento, aquellos roces suaves, nada tenían que ver con la pasión de otros encuentros, algo le nublo el pensamiento, una fugaz idea se enredó en el deseo, creyó desecharla enseguida, pero volvía una vez tras otra ¿Era Mario el que estaba en la cama con ella? Asustada empezó a hablarle, le susurraba palabras llenas de ardor, pero el no contestaba, la idea volvía con más fuerza, intentaba zafarse de la corbata que Mario había anudado en sus ojos movía la cabeza rápidamente para que con  el roce de la sábana se moviera lo justo para destaparle un ojo, lo justo para ver el rostro de su amante, pero se resistía.

Los  movimientos de su misterioso amante se tornaron más violentos, arrancando con ello un profundo gemido, ahora, no solo su lengua parecía explorar su cuerpo, sus manos empezaron a recorrer audaces los pechos, convertidos en rocas duras coronadas por unos pezones erguidos, que se inflaban bajo los bocados avaros de  su boca. Los movimientos rápidos de él perdieron el control, lo mismo se deslizaban por sus pechos, que lo hacían levantándola por los muslos para apretar con fuerza sus glúteos buceando a la vez en su sexo.

 La tirantez de las ligaduras no dejaban que ella tocara su piel, quería rozarle para saber si era Mario el que estaba mojando su cuerpo, pero él no la liberaba pese a que se lo pedía constantemente, tampoco hablaba, ella sentía miedo, pero a su vez se excitaba todavía más. Cansada de imaginar el rostro de su amante, cansada de luchar contra las ligaduras que ella misma había anudado, cansada de pensar que pasaría si no fuera Mario, se abandonó al placer, dejó de luchar por quitarse la corbata, dejó de estirar sus brazos para intentar arrancarse las cintas, se concentró en seguir cada movimiento sobre su cuerpo, en adueñarse del calor que desprendía su amante, en saborear cada jugo que llegaba a sus labios, pero entonces, el juego cesó. Tan cerca como estaba ella del orgasmo, su amante se levantó, el colchón se elevó un poco al ser aligerado su peso, Eva empezó a gritar, ¡No te vayas! ¡No puedes parar ahora! ¡Me da igual quien seas! 

Desesperada, con su sexo palpitando, reclamaba a su amante sobre ella, su vientre se alzaba enseñando un sexo chorreando, enrojecido por el deseo. Escuchó el sonido de la puerta cerrarse. Su sexo siguió vibrando entre sus muslos, creía que llegaría al orgasmo solo quedándose muy quieta recordando aquella lengua húmeda que la había dado tanto placer. Pero no pudo, el preludio del orgasmo se tornó dolor en su vientre, intentó retorcerse y rozarse con sus propios labios, pero las cintas no la dejaban. Poco a poco fue calmándose, el dolor fue menguando hasta no quedar más que el leve conocimiento de donde se alojaba, su cuerpo volvió a enfriarse, el sudor de su amante mezclado con el suyo se congeló. Se sintió perdida, sin fuerzas para seguir chillando, adormecida por el cansancio.

La puerta volvió abrirse, esta vez lo que escuchó fue un tremendo portazo al cerrarse, unos pasos rápidos, una cremallera que se bajaba, el ruido del cinturón que chocaba con el suelo, una prenda salió volando por los aires y algo se hizo añicos en el suelo, el colchón cedió inmediatamente bajo el peso, sus manos recorrieron rápidas los pechos, su boca comió de ellos, Eva notó una enorme erección presionando sus piernas, había urgencia, lo notaba por la violencia de sus abrazos, no la besaba, lamía y mordía su cuerpo como si llevara días sin comer, volvió a encenderse su cuerpo, a desear ser devorada por aquellos labios, la penetró con fuerza, rápido, su sexo húmedo facilitó la entrada, notó como gemía sobre ella, y ella gimió con él, se fundieron entre gritos y gemidos, las embestidas lentas y con fuerza arrancaban sonidos desde su estómago. Notó como llegaba el orgasmo, empezó como un cosquilleo en la garganta y fue descendiendo, inundó su vientre, y su sexo se infló aprisionando el de Mario entre sus paredes, este no intentaba salir, todo lo contrario, apretaba con fuerza para llegar a lo más profundo, estalló en el intento, sus gritos recorrieron la habitación y se escaparon por la puerta.

  

El quedó a su lado sin decir palabra, suspirando y jadeando por el esfuerzo, ella no preguntó, no exigió respuestas, no la desató, siguió mirándola cuando se quedó dormida, entonces le quitó la corbata y aflojó las cintas sonriendo con cariño al hacerlo.

 Ella había dicho “Si” con eso era suficiente, por eso la amaba y la amaría siempre.

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Una respuesta to “EL REGRESO…………de pandora”

  1. joer Pan… esto es un regreso por la puerta grande, jajaj Estoy sin aliento…. Atado me tienes al ordenatriz, jajaja

    ¡Cómo me gustaría saber crear esas atmosferas tan cargadas de erotismo y tensión! Bezos.


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