Las cosas de Pandora
historias eróticas principalmente, aunque una parte mi forma de ser, también quede reflejada.

teatro en la playa…………de pandora

Estaba acabando de ponerme el nuevo conjunto de ropa interior que había comprado deliberadamente para aquella ocasión. No teníamos muchas oportunidades de pasar la noche juntos y mucho menos el fin de semana completo, por eso había elegido aquel conjunto, quería que todo fuera perfecto. 

Imaginaba el momento en el que él entraría en la habitación, me abrazaría y nos fundiríamos en un largísimo beso, acabaríamos volcados en el cama, sin deshacer, de la habitación y cuando las cosas se pusieran demasiado calientes, los dos nos obligaríamos a frenar, nada de urgencias, teníamos tiempo. Sonreiríamos nos adecentaríamos las ropas y saldríamos a cenar, una cena a base de pescado y marisco, la zona lo requería, teniendo tan cerca el Delta del Ebro habría que probar sus especialidades. 

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Contemplaba mi imagen sobre el austero espejo de la habitación, estaba bastante complacida con el resultado, sabía que José también lo estaría. Le gustaba mirarme creyendo que no me daba cuenta. Era un poco amargo, pero en aquellas ocasiones, yo me preguntaba si miraría de la misma forma a su mujer. Se cruzó con mis pensamientos el sonido del teléfono, mi corazón se desbocó por completo, seguro que estaba aparcando el coche y llegaría en unos minutos. Pero la voz que escuché en aquel momento no me pareció tan contenta, me pareció seria, no la voz de un amante a escasos metros de su amada, no. 

       -Julia?- dijo la voz.

     -Si, soy yo, ¿Qué pasa José, te encuentras bien?-   pregunté sobresaltada.

     -Si, si, no te preocupes, es ….. que ….llegaré un poco más tarde de lo que habíamos pensado.-dijo titubeando. Es mi mujer……insiste en verme antes del viaje que le he dicho que voy  ha hacer. No te enfades, tengo que ir a verla, solo serán unos minutos y después, el fin de semana será nuestro.- Soltó con una voz que dejaba ver, no le gustaba lo que decía.

    -Tranquilo, no te preocupes por mi, estaré bien- mentí tan disimuladamente como pude.

    -Eres un cielo Julia, si fueras ella te estarías subiendo por las paredes y me amenazarías con el divorcio.-contestó.

   -Si, claro cariño, pero es que tú y yo no estamos casados y no te puedo amenazar con eso- dije en broma aligerando la tensión que José tenía, pero con toda la intención en mis palabras.

   -Te quiero, Julia- contestó dejando claro que no había captado la indirecta.

   -Yo también, José. ¿A qué hora crees que llegarás?-pregunté.

    -No tengo ni idea, pero intuyo que será de madrugada.

    -Vale, despiértame cuando llegues. Un beso.

    -Un beso, Julia. Te quiero.

 Completamente fuera de mí, tiré el teléfono al suelo, la rabia me comía por dentro y no me dejaba respirar, odiaba a aquella mujer que lo tenía cuando quería, que disponía de sus favores cada vez que se le antojaba, que hacía de él una marioneta de la que mover los hilos era muy sencillo. Me revolqué sobre la cama con las lágrimas en los ojos, manchando las almohadas de algodón con el carmín de mis labios, y el rimel de mis ojos. 

Pasados los primeros instantes de rabia mordaz, llegué a la conclusión de que debía disfrutar del lugar, llenarme de la paz y tranquilidad que infunden estos pueblos de pescadores como L’Ametlla de Mar, llenos de gentes amables y paseos serenos junto a la playa. Me arreglé el maquillaje, acabé de vestirme y salí de la habitación con hambre, fui a parar a un pequeño restaurante alejado del rumor del puerto.

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Su camarero, un negro altísimo, me atendió con una cortesía extrema y me recomendó un vino de la tierra. Al final de la cena, se acercó cuando ya no quedaba casi nadie en el restaurante, yo pensé que intentaría ligar conmigo, y casi por un segundo, quise dejarme llevar, pero al final, resultó ser una persona agradable que me recomendó asistir a la representación de la obra teatral de La Filla  Del Mar (La hija del Mar) una adaptación de una obra de Àngel Guimerà, con la particularidad de que la obra se escenificaba en plena playa de L’Alguer. Así, que visto que mi fin de semana en compañía, era algo que no iba a ser, decidí recrearme en uno de los placeres que el tiempo no me dejaba disfrutar y me encaminé a la playa. 

Cuando llegué había mucha gente, lo primero que me sorprendió fue el decorado, era realmente como si hubiera un pueblo en aquella playa, todo parecía tan real, enseguida comenzó la obra, y me sumergí en la historia de los personajes. Poco tenían que ver con mi historia aquel triángulo de amor, pero fue cobrando rostros y me  fui imaginando ser la Àgata loca de amor por el Pere Màrtir, como realmente estaba yo por José, ¡como la entendía cuando le brillaban los ojos al hablar de él! Que triste final, que locura los malos entendidos y las falsas esperanzas, que fatal para aquellos personajes dejarse llevar por terceros y que triste al final que Àgata decidiera poner fin a la historia de aquella manera tan trágica. Una lágrima se escapó de mis ojos deslizándose por mi rostro, mientras que mis  manos aplaudían el final de la obra. Regresaba al hotel dando un paseo por la playa con los zapatos en la mano, dejando que el agua mojara los bajos de mi falda, marcando en la fina arena mis huellas solitarias.

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De pronto, alguien surgió de las sombras aquellos ojos que me miraron no podían ser otros que los de José. Sus dientes blancos, sus rizos revueltos, se percibían bajo la claridad de la luna que lo envolvía todo en una burbuja irreal. Sus labios se fundieron con los míos, sin decir nada, nuestras manos se cogieron y seguimos paseando por la playa, mudos, pero llenos de infinitas palabras.

Llegamos al final de la cala, sus rocas nos tapaban el pueblo y nos encontramos como si viviéramos el sueño de la isla desierta. Nos sentamos en las rocas, seguíamos en silencio escuchando el sonido de las olas chocar. Un tanto nervioso José encendió un cigarrillo, le maldije por ello y me maldije a mi misma por haberlo dejado ya hacía un tiempo, saboreé su primera calada como si fuera yo misma la que la daba, aspiré el humo que salió de su boca como si se tratara del aire que debía respirar, y concentrada como estaba en el cigarrillo oí sus palabras como un susurro.

        Se ha acabado Julia.

No me imaginé montando una escenita en la playa, quise llorar pero me contuve, nada de lo que yo dijera sería a tomar en cuenta y no pretendía quedar tan humillada con lo que yo contesté.

            ¿Cómo es eso?        ¿No lo sabes? – replicó él.

    –     ¿Cómo iba a saberlo? lo último que sé, es que te había pedido que fueras a verla, nada más.

    –        Se lo conté todo y ella comprendió.

    –        Me alegro de que os hayáis entendido, os irá mejor en el futuro.

    –        ¿De qué futuro me hablas Julia? ¿Acaso no entiendes nada?

            Pues claro que entiendo, si se ha acabado, ahora los dos pondréis lo que hace falta para salvar el matrimonio y seguro que sin mi por medio os va mucho mejor.

        No te entiendo, que se ha acabado? Lo has entendido mal, he acabado, pero con ella, no contigo.

Sin poder evitarlo, fue entonces cuando mis lágrimas corrieron sin control por mi rostro, volví a sonreir y mis ojos no dejaban de mirarlo casi sin creer lo que acababa de escuchar. Titubeó al darme un beso, yo le respondí encendida y nos dejamos llevar por la pasión.

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Escondidos entre las rocas nos desnudamos sin prisas, sus manos se deslizaron por mi piel como yo añoraba que lo hiciera, sus labios besaban mi cuello y mis manos se escondieron entre sus rizos. Sentada en la roca como una sirena José se dedicó a beber de mi sexo, a lamer con precisión cada rincón escondido en mi cuerpo, sus manos apretaban con fuerza mi pecho, recorrían mi espalda, sin darme tiempo a saber cuando había ocurrido, noté su sexo en el mío, sus embestidas sobre la roca no eran del todo cómodas y le obligué a salir de mi para cambiar el lugar.

Él lo interpretó de otra forma y me tiró al suelo boca abajo, cayó sobre mí con fuerza, volviendo a meterse dentro de mí sin ningún esfuerzo, los jadeos por parte de ambos eran constantes, la arena se impregnaba en mi piel y rozaba mis pechos a cada empuje que experimentaba, mis manos aguantaban el peso de mi cuerpo y los embates de José, caía rendida con la boca en la arena cuando noté que el gran orgasmo se acercaba. Pero José había decidido alargarlo mucho más y volvió a abandonar mi sexo y a cambiar sus envites por su lengua juguetona, a cambiar su sexo por sus dedos.

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Noté la invasión de sus dedos llenos de arena en mi interior, lejos de desagradarme fue enormemente placentero, seguí disfrutando de ellos durante mucho rato, mi boca seca demandaba algo jugoso y fui entonces yo quien lo obligó a salir y sentarse en la roca, cual sirena yo había emulado anteriormente, pero no me gustó su sexo lleno de arena.

Así que me levanté desnuda como iba bajo su atenta mirada sorprendida, y me sumergí en la luz de luna que iluminaba la playa, hasta llegar a la orilla,  rellené mi boca y mis manos de agua salada, me dirigí lenta y provocativa hasta la roca donde se hallaba. Remojé su sexo entre mis manos y lo sumergí en mi boca, bañándolo con el agua salada que guardaba dentro. Oía sus gemidos de placer al contraste del calor de mi lengua y el frescor del agua, sonreía mientras lamía el agua mezclada con sus jugos que iba cayendo entre mis dientes, sabía como le estaba gustando y eso, siempre me suponía un gran placer.  

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Nos tumbamos en la arena, entró despacio, sus empujes eran lentos, pero concisos, no nos devoraban las prisas, sino el lento hacer del placer. Nos unimos en el paseo que nuestros cuerpos nos mostraron y los dos abrazados llegamos al final del camino unidos. Permanecimos así, hasta que de madrugada un perro nos ladró desde lo alto de una roca, avisándonos que su dueño estaba cercano, nos vestimos a toda prisa, con una sonrisa dibujada en los labios, con una alegría en los ojos, que sin duda notó el amo del perro al cruzarse con nosotros……….

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5 comentarios to “teatro en la playa…………de pandora”

  1. Jo! qué ganas da de ir a la playa!! 😉

  2. tenemos una historia parecida… me ha encantado tu post y me ha emocionado, te invito a visitarnos.
    Un beso

  3. Da envidia el disfrute que planteas. Yo creo que lleva a cualquiera a gozarlo junto contigo. Y como dicen, “hasta la playa se antoja”
    Saludos.

  4. Me ha encantado tu relato, de casualidad vi esta entrada, buscando cosas para mi Espacio, a lo mejor llego a un trato contigo, y me dejas poner algo de este relato Fantastico.
    Te espero, y que me digas…

  5. Me gusto mucho la historia ya que en ella se refraja el amor la pasion y el sexo es esitante dan ganas de hacerlo….


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