Las cosas de Pandora
historias eróticas principalmente, aunque una parte mi forma de ser, también quede reflejada.

la fruta prohibida de pandora

Entró en mi tienda despacio, observando cada una de las pilas de frutas amontonadas en forma de pirámide, se detuvo delante de las manzanas rojas, cogió una con sus manos y la olió, aspiró el olor de la fruta con los ojos cerrados, cuando el olor llegó lo noté porque abrió la boca y lanzó un suspiro.
Continuó su paseo por mi tienda lento, se detenía delante de todas las frutas, las verduras no parecían llamarle la atención. Era una vecina nueva en el barrio, la había visto pasar por delante de mi tienda en varias ocasiones, siempre sola, pero con un semblante feliz, segura de si misma, mis ojos la seguían hasta que se perdía entre el resto de cuerpos que paseaban por la acera.
Era la primera vez que entraba en la tienda, parecía conocer perfectamente el estado de cada fruta, se dirigía a la mejor pieza de la pirámide y no se preocupaba si las demás caían. Vió las fresas en cajas junto al mostrador y se acercó a ellas, cogió una entre los dedos y repitió la operación, volvió a colocarla en su sitio y me preguntó:
– son buenas estas fresas???
– Si, claro – contesté yo.
– Ya, pero usted las ha probado??
– Uy no, a mi no me gusta la fruta.
– Debe ser que no la ha probado como a mi me gusta- dijo sonriendo. 
 

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Su sonrisa se desplegó como por arte de magia en sus labios, sus dientes blancos quedaron al descubierto entre aquel carmín rojo y su sonrisa entró en mi, ocupándolo todo con su calor. En aquel momento me ruboricé, y me sentí avergonzado por ello.
– Tienes plátanos maduros? – volvió a preguntarme.
– Si, los tengo en el almacén, ahora se los voy a buscar- contesté.
– No se moleste, atienda a esta señora y yo los busco- replicó resuelta. 

Yo tenía mis dudas que ella supiera encontrar el almacén por eso cuando terminé de despachar a la señora y a dos clientas más que llegaron en ese rato me dirigí al almacén extrañado de que no regresara. 
 

En el almacén encontré a la mujer, desnuda, con las fresas en la mano y la boca roja por su jugo, sobre su cuerpo caían gotas del zumo y trozos de fresa resbalaban por sus pechos. La visión de aquello me dejó congelado, pero con una erección tremenda en el umbral de la puerta, no sabía que hacer, mi cerebro no podía encontrar un registro que me hiciera tomar una dirección, una manera de salir de aquella situación. Ella debió darse cuenta y me tendió una mano.
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– Quieres ver como te enseño a comer fruta???-dijo con una voz tan sensual que creí que era un hechizo- me volvió loco de excitación. 

Me acerqué a ella despacio, cogiendo la mano que me tendía, con una leve presión me empujó hacia su boca, donde empecé a saborear el jugo de fresa que en ella quedaba, con sus manos fue dirigiendo mi boca allá donde quedaban restos de fruta, noté como su excitación también crecía al oír su respiración entrecortada, sus pezones se endurecieron al contacto con mi lengua, con los dientes recogí alguna semilla de la fruta que quedaba entre sus pechos, mis manos la cogieron por las caderas y acercaron su ombligo a mi boca, que iba tragando toda la fruta que encontraba a su paso y acabé de comer toda la fruta que quedaba en su vientre. 

Los jugos habían llegado a su sexo, así que me dirigí sobre los hilillos de líquido llegando a acariciar con mi lengua todos sus recodos donde el zumo podía haberse escondido, así, comiendo de ella llegó a un orgasmo que ninguna mujer que hubiera estado conmigo antes hubiera experimentado, sus jadeos, sus gritos ahogados, sus movimientos bruscos, hacían crecer tanto mi excitación que temí que mis fluido se salieran de mi cuerpo en aquel mismo momento. No me detuve después del orgasmo, continué cebándome con la fruta chupando sus muslos hasta llegar a las pantorrillas donde lamí todo el resto que quedaba en su cuerpo. 

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Saciada del todo, me dijo: 
 – ahora soy yo la que tiene hambre. 

Cogió mis pantalones y los desabrochó, dejándolos caer a la altura de mis tobillos, junto con los calzoncillos, mi miembro relucía en todo su esplendor con un color más intenso que las fresas anteriores que yo me había desayunado, entonces ella cogió un plátano maduro, lo metió en su boca y con un mordisco empezó a pelarlo, ver como lo hacía con sus dientes me provocaba un placer intenso, era como un animal dispuesto para comer, sin miramientos, como un instinto que nos lleva a saciar nuestras necesidades más básicas. Una vez pelado lo estrujó en sus manos y cogió mi miembro con ellas y empezó a moverse despacio. Su boca comía lo que se escapaba entre sus dedos con ansia, el hambre era intenso lo notaba en sus pequeños mordiscos reprimidos por no hacerme daño. Siguió moviendo sus manos y comiendo el plátano a trozos que se deslizaba por mi sexo para ir a caer al suelo, pero su boca era más rápida y ningún trozo se desperdició. Acabó de comerse el plátano estrujado sin dejar ni un trocito, ningún resto que delatara su presencia, y continuó comiéndome a mi, su garganta y su lengua continuaron tragando mis jugos hasta que en poco tiempo llegó mi orgasmo, ahora eran mis jugos los que se desparramaban por mi piel, y era su lengua y sus labios los que la absorbían con avidez y sed.

Una vez saciados nuestros hambres ella se vistió, cuando fui a subirme los pantalones con un gesto me instó a que no lo hiciera y yo la obedecí. Al finalizar se acercó a mí, se agachó, cogió mis pantalones arrugados en mis tobillos y me vistió, subió mis pantalones despacio, abrochó mi cinturón y remetió la camiseta por dentro, me besó en los labios con sabor a fresa y se fue.

Sigue viniendo cada semana a comprar fruta y poco a poco yo las voy probando todas, y….. no siempre de la misma forma.

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4 comentarios to “la fruta prohibida de pandora”

  1. uff, pandora que buen relato, Mezcla en el almacen de dos personas y entre ellas la fruta de la pasión. Una buena manera de enseñar a la gente a comerse la fruta. No se si te lo he dicho alguna vez, pero tu inaginación tiene un valor incalculable, no tiene precio. Saludos.

  2. Excitante relato, continuare con el resto.

    Besos en stereo.

  3. hola pasaba a saludarte, me gusta este diseño, es muy calido. un saludo y recuerdos a tu vecina.


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