Las cosas de Pandora
historias eróticas principalmente, aunque una parte mi forma de ser, también quede reflejada.

en el gimnasio de pandora.

Me quedé en el gimnasio hasta tarde, debido a la poca frecuencia con la que acudo, cuando lo hago intento alargarlo el mayor tiempo posible, la sala de máquinas es donde me encuentro más cómodo, los demás compañeros son amables y suelo bromear con ellos de tonterías e incluso una cervecita después algunos días, pero aquel día no había nadie y estaba mas concentrado en el ejercicio.

Estaba haciendo un levantamiento de pesas cuando noté el dolor, mis manos soltaron las pesas provocando un ruido hueco en la sala vacía, gemí, el dolor era intenso. Cristina se acercó corriendo pues había oído el ruido, ella es entrenadora personal, me aconsejó que me tumbara sobre el suelo boca abajo para examinar mi cuello dolorido.
-No te preocupes dijo con su voz cálida, en un momento te lo arreglo, solo es una contractura, estas en buenas manos Jorge.
Yo me relajé y dejé que sus expertas manos presionaran donde debían, no me dolió, todo en aquella mujer era delicadeza, pero a su vez fuerte, era una combinación extraña en una mujer.
La fuerza que tenía en sus brazos contrastaba enormemente con su tamaño pequeño, su pelo cortado a lo chico no la hacía masculina sino todo lo contrario desprendía sensualidad por todos los lados.
Mi cuello se fue relajando con el contacto de aquellas pequeñas pero firmes manos.
– Mejor?- preguntó ella.
– Si Cristina, gracias, menos mal que no te habías ido.
– Si, tienes razón, todos se han ido, hoy me toca cerrar a mi.
Siguió oprimiendo su mano contra mi cuello y me sugirió que me quitara la camisa para darme un masaje en la espalda.
– No te molestes no quiero darte mas trabajo.
– No es molestia, no quiero que te quedes lesionado y no puedas venir en una temporada, relájate.

oleg0-kosirev.jpg

Sus manos ahora que mi cuello ya no me dolía se movían diferente por la espalda desnuda, sacó algo del botiquín que había traído y que yo no había visto hasta entonces, era una especie de aceite fresco que congelaba mi espalda a la vez que mi cuerpo se calentaba, era una sensación única la que estaba experimentando, las manos se movían seguras de lo que estaban haciendo, siguió prensado mi cuerpo por un rato en el que me pareció oír un gemido.
– Te importa? Es que hace mucho calor- dijo antes de desprenderse de su camiseta y dejarla justo delante de mi cabeza.
– No, tu misma- respondí casi sin aliento, sin ser consciente de lo que estaba ocurriendo.

De repente lo que rozaba mi piel ya no eran solo sus manos, sus pechos también lo hacían y yo no sabía que responder ni que hacer, ¿sería así el masaje? a mi no me habían dado nunca ninguno.
– Cristina, ¿Qué haces? – pregunté sorprendido.
– Pues darte un masaje cariño, ¿no ves que estás muy tenso? Si no te gusta paro cuando tú digas, ¿vale?
– Que va, si me encanta, pero no sabía que tú…..
– Que yo tenía ganas de tocar tu piel de esta manera, que me muero por olerte, por saborearte.
– No, no tenía ni idea, pensaba que eso solo me ocurría a mí, que cuando cruzas por mi lado tu olor me desespera, me hace hervir por dentro, todo mi cuerpo vibra y tiembla de dolor cuando no me dices nada- dije girando sobre mi mismo. En ese momento su boca buscó la mía, su lengua atravesó la barrera de mis labios y encontró la mía dispuesta a recorrer los kilómetros necesarios, para darle a ella, todo el placer que había soñado. Mis manos recogieron su rostro, acariciaron su nuca y la apreté mas si cabe contra mi cuerpo, sus pechos quedaron aplastados contra mi tórax y sus pezones se clavaron en mi cuerpo. Mis labios bajaron por su cuello, lamiendo su sabor y su perfume, la aparté unos instantes de mi cuerpo para contemplar el magnífico paisaje de su cuerpo, admirar el brillo de sus ojos, de su boca perfecta con sus cálidos labios. No pude resistirme más y me lancé a comer de ella, a desnudarla con mis manos a desnudarme yo también, poco nos importo el lugar, poco nos importó que pudieran descubrirnos.
Pequeña como era la rodeé con mi brazo y la tumbé en el suelo boca bajo, pude ver en sus ojos un reflejo que denotaba pasión y consentimiento en todo lo que yo hiciera, eso hizo que mi deseo fuera todavía mayor, que el fuego que tenía en mi cuerpo se desatara sin control. Me tumbé sobre ella y la obligué con cariño a que viera nuestra imagen en la pared de espejos de la sala. Noté como su excitación crecía al igual que la mía.
Nuestros cuerpos sudados, se retorcían de placer, mi lengua recorría su espalda, llegaba a rozar sus senos que descansaban sobre el suelo. Mis manos se deslizaban sobre sus cachetes y mis dientes le daban pequeños mordisquillos que la hacían gemir y curvarse de placer. Cuando entré en ella, descubrí un mundo húmedo que me había estado esperando con ansia, la misma que yo sentía por dentro, allí estuve moviéndome hasta que sus gemidos se convirtieron en rugidos y hasta que mi cuerpo se sacudió y quedó rendido sobre ella. Mis besos no acabaron y seguí besándola durante mucho rato después de aquello, la ternura que despertaba en mi no terminaba con lo que había ocurrido. Ella me abrazaba y besaba como si fuera la última vez que pudiera hacerlo.

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Cuando el frío empezó a calar en nuestros cuerpos nos vestimos y cerramos el gimnasio para regresar cada uno a su mundo, sin decir palabra, nos movíamos con movimientos lentos, como dirigidos, como si estuviera escrito que se andaba así, primero un pie, luego el otro. En la misma puerta con la persiana bajada, no pude aguantar más y la agarré con fuerza empujándola contra la pared para volver a besarla, para no separarme de ella.

-todavía de duele el cuello?- preguntó ella.
-creo que mañana me volverá a doler, ¿estarás tú para curarme?
– siempre estaré aquí- dijo con una sonrisa picarona.

Y así llevamos varios años, aunque el cuello ya no me duele….casi.

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9 comentarios to “en el gimnasio de pandora.”

  1. Tu forma de escribir le da mucha credibilidad al relato, lo e compartido y concordamos que es buenisimo.

    Felicitaciones

  2. Lleno de pasión tu relato, Pandora.

    Un saludo

  3. Delicioso relato, tienes una manera de escribir que permite conducirnos a momentos sublimes.

    Seré lector asiduo a tu blog.

    Saludos….

  4. […] de Guillermo Castro. Chica Regia en: Si hubiera sido… Interesante Las cosas de Pandora como: En el gimnasio. es la última que tiene […]

  5. hmmm tienes un don para esta clase de relatos, incluso me dolia el cuello! jejeje. Bueno a partir de ahora este sera el último blog que leere antes de acostarme, asi tendré contento a mi marido!

    Saluditos,

  6. me vas a matar y no de la manera que acabo de postear, uff que bueno y encima esa foto con ese tacon incado. Pandora tu mente no tiene precio. un saludo.

  7. Creo que pensandolo bien.. me voy a dar mis vueltas al Gym.. aunque sea para lesionarme una mano.. jejeje
    me encanto!
    besos.

  8. Sólo para compartir aquí lo que ya escribí en mi post dedicado a tu blog, dentro del mío http://perionotas.wordpress.com:
    “Así, con esa sutileza, Pandora nos plantea cada una de sus historia, llenas de erotismo, de sensualidad, de intriga sexual, de parsimonia relajante. Cada día que navego un poco a través de otros blogs, me encuentro con historias que deberían contarse una a una y por separado; historias que te proyectan en tu vida propia, como lo hace pandora en su exquisito portal. Habrá que leerlo con más tiempo, las historias un poco largas, pero con un gran contenido… y de la fotos, ¡qué dulzura!”

  9. teachers and her students having sex


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