Las cosas de Pandora
historias eróticas principalmente, aunque una parte mi forma de ser, también quede reflejada.

(NOCHE DE LUNA LLENA) en el bosque

Era una noche tranquila, la luna estaba llena, repleta de luz, que brillaba sobre las copas de los árboles, aquellos se veían negros, tenebrosos, llenos de misterio, yo observaba la línea de luz que muere donde la oscuridad empieza, escudriñando algún movimiento, mi botín andaba cerca y seguro se refugiaría en las sombras que el bosque le ofrecía.

 Al final un sonido, una rama rota en la dirección que sopla el viento hacía el río, corrí tras ella, sus ropas debían estar harapientas, llevábamos horas de correrías, ella se escondía, yo la buscaba, era nuestro juego solo mío y suyo, quiso el destino que fuera así, otras veces no lo fue.
Recuerdo otras noches en las que en aquel bosque no estaba yo solo, me acompañaban otros y entre todos nos entusiasmábamos con aquellas carreras que hacían más grato el desenlace, si bien a ella lo mismo le daba, pues siempre acababa gritando. El placer de aquellas situaciones era inmenso, a todos nos excitaba en gran manera verla corriendo semidesnuda entre los árboles, entre las rocas, buscando refugio entre la sombras, se alejaba de los prados y de las llanuras, cosa que nos hacía enloquecer, cuanto mas difícil fuera, mayor era la recompensa, al final siempre la encontrábamos, nuestras bocas se unían para saborearla a la vez, le arrancábamos la ropa con nuestros propios dientes, entre todos recorríamos su cuerpo hasta dejarla totalmente desnuda, degustábamos su desnudez como si no hubiéramos probado nada igual, haciéndonos gemir de placer, con solo sentir su calor en nuestros labios, su humedad en nuestras lenguas, pero éramos muchos y todos queríamos nuestro momento.

Aquella noche no, aquella noche solo estaba yo, reconozco que la compañía me agrada, me estimula saber que hay que luchar para llegar el primero, tiene sus ventajas. Ella esta vez se equivocó de camino, no se había orientado bien, se dirigía en línea recta hacia el río, allí había un remanso con un agua cristalina y tan fría…… su borde era de hierba, lleno de flores durante el día que ahora estaban ocultas a la luz de la luna, era un paraje bellísimo, mi favorito para tumbarme a la luz del sol, esta noche sabría si a la luz de la luna y acompañado de su cuerpo caliente, seguiría siendo tan bello.

Llegó extenuada a la orilla y se detuvo a mirar si me había perdido, su excitación se veía en su cara, su pecho se movía arriba y abajo violentamente, su pelo arrebolado, enmarañado, sucio de tanta correría, estaba cansada, ese fue su error, por el río no había escapatoria posible. Decidí ir poco a poco, no había prisa, necesitaba hacerme a la idea que era toda para mí, mi premio, mi regalo, mi recompensa, y sobre todo mi manera de rememorar a aquellos de los que había aprendido. Cuando me acerqué lo suficiente para que pudiera verme, se hincó de rodillas en el suelo, su falda hecha jirones sobre la hierba, sus rodillas desolladas y sus manos agarraban la tierra con fuerza como si fuera una arma que utilizar contra mí, no le gustaba pero sabía que había perdido, en aquella batalla había ganado yo, y ahora quería mi premio, lo reclamé con firmeza, con la superioridad que va unida a mi rango.

Me acerqué lentamente y eso la desorientó, ella pensaba que me abalanzaría como si fuera una fiera sobre ella, pero no, aquella noche solo estaba yo, no había con quien competir, seria solo mía y entera para mi. Me dediqué a olerle el cuerpo, de mis orificios nasales salía un vapor caliente que bañaba su cuerpo, mi lengua fue viajando por su interminable torso, rodeando su pecho redondo y firme, su olor era dulce, mezclado con un regusto ácido, que sin duda era a causa del sudor de la carrera, era muy apetecible, quería degustarla como se merecía, ella no podía escapar, y yo tenía paciencia. Al final mi instinto hizo el resto, mi boca recorrió su cuerpo caliente, su cuerpo vivo, lleno, duro, sus jadeos eran constantes parecía que perdería la razón, estaba tan cansada que no se resistía, me gustaba así, ¿para que luchar si no hay opción? Hasta que mis dientes se hincaron en su carne y empezaron a despedazar su cuerpo caliente, con la boca llena y chorreando sangre caliente lancé mi aullido final, la presa había caído en mis fauces, mis fauces de lobo, la manada miraba a lo lejos, pero no se acercaron, sabían que aquella era mi noche, y la presa era solo mía, había pasado la prueba, sabía cazar solo.

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2 comentarios to “(NOCHE DE LUNA LLENA) en el bosque”

  1. Fiero tu relato. La ley del bosque.

    Saludos

  2. uff que suerte, a mi no me pasa esas cosas, tendre que coger mas taxis. je. Un saludo, me gusta tu mente.


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