Las cosas de Pandora
historias eróticas principalmente, aunque una parte mi forma de ser, también quede reflejada.

lienzos en blanco (soñando lo perfecto)

Era tarde, estaba a punto de cerrar la pequeña tienda cuando ella entró, sus pasos seguros y firmes se dirigían hacia mí de una forma en la que apartar la vista de ella sería un desprecio, me preguntó por mi colección, la de esa temporada, le dije que estaba casi completa, no era muy buen año para las obras de arte, estuvo observando mis lienzos y una sonrisa se dibujaba en sus labios, imaginé mis manos sobre el lienzo blanco, un pincel en ellas, dibujando aquella sonrisa, un pincel trazando el arco de su boca para hundirse en su interior, devorado por sus dientes y su lengua, engullido por ella. Mi imaginación me juega malas pasadas de vez en cuando, me quedo transportado a otros lugares otras experiencias, que aunque no reales son la musa de mis obras.


Cuando volví de mis sueños ella seguía allí, parecía no haberse dado cuenta de que mis sueños me habían hecho volar y no me encontraba allí, ella seguía mirando mis obras con aquella sonrisa que se había tornado dura, sus rasgos se habían endurecido, estaba juzgando mis retazos de sueños. No me gusta la crítica, ellos siempre ven las imperfecciones de algo que suponen perfecto, pero lo que ellos no saben es que dibujo mis sueños y a veces no son perfectos. Ella suspiraba, y sonreía, me estaba volviendo loco, no sabía si le estaba gustando lo que veía o lo estaba aborreciendo, no iba a comprar nada de eso estaba seguro, y me estaba haciendo perder el tiempo. Pero mi imaginación no dejaba de volar, volaba sobre su cuerpo desnudo sobre un gran prado con la hierba alta y verde oscuro, donde el único color estridente residía en el rojo de sus labios, esos labios que me hacían perder el sentido, mi pincel no paraba, y seguía pintando su cuerpo, un cuerpo perfecto, delicado, en mi imaginación.


¿Me estaba preguntando? Su boca se había movido, pero yo, que estaba en aquel prado, no lo había entendido, le pedí que me lo repitiera. Quería saber cuanto solía trabajar, le expliqué que depende de lo que soñara, a veces soñaba mucho y otras poco, sonrió y dijo que le parecía que hoy estaba soñando mucho, me quedé parado, ¿Cómo podía ella saberlo? ¿Me había descubierto soñando con sus labios, con su cuerpo……? Mi incomodidad debía traspasar mi rostro, pues ella le quitó importancia asegurando que todo teníamos derecho a soñar con cualquier cosa, que en eso se diferenciaba a los buenos artistas, los que vivían en los sueños, como yo. Sonreí aquello quería decir que realmente le gustaba lo que estaba viendo, dijo que no quería comprar nada pero que volvería.


En cuanto se fue, cerré la tienda y me preparé para pintar mis sueños, mis manos dibujaban a una velocidad extrema, los bocetos de las partes de su cuerpo se sucedían interminablemente, la hierba de su alrededor, perfecta, un tallo fino y plano, del verde mas intenso al verde limón mas amarillento, el viento hacía lo propio, mecía las hojas de hierba hasta que estas acariciaban su cuerpo carente de ropaje que cubriera su pudor, su brazo, levantado, tendía la mano en la misma dirección del viento, acariciando cada hebra, y su boca, su boca semiabierta parecía que llamaba a alguien que nunca llegaba, se transmitía en la mirada, pero yo que solo pintaba sueños no lograba ver a quien estaba esperando, mis manos seguían dibujando y el cansancio iba haciendo mella, pero quería dibujar todos los sueños en aquel momento, temeroso de poderlos olvidar, sabía que el sueño había sido perfecto y eso me costaba, pues mis sueños eran imperfectos, pero yo solo pinto lo que veo no mas.

Me quedé tres días allí, encerrado en la tienda pintando y recordando hasta que di por acabado el sueño, no recordaba cuando era la última vez que había comido, o dormido o ni siquiera si me había aseado, cerré la tienda con mis sueños dentro y me fui a casa. Regresé al día siguiente de mejor humor sabiendo que mis sueños estarían allí esperándome, pero cuando los estaba contemplando alguien entró en la galería, y con pasos firmes se dirigió a la trastienda, era ella, la que abrió la cortina y se vio en un espejo, era ella, la que sonrió al verse dibujada desnuda, tendida sobre la hierba dejándose acariciar la piel por el viento, dejando todo su ser al descubierto, era ella la que me miró y me dijo que no esperaba menos de mi, que me había estado esperando.

Estábamos tan cerca, nuestra piel se rozó y nos dejó electrizados, sin saber donde estábamos, mis sueños volvieron a nublarme la vista y a no distinguir la realidad, mis manos no tenían pincel pero si dibujaban sobre su cuerpo, mis manos temblorosas dibujaban su contorno, la curva de sus caderas, que continuaba por un torso recto hasta llegar a sus pechos, redondos, suaves, mis manos no se controlaron llegaron a los labios, esos labios grueso, rojos, vivos, labios por los que morir sería todo un honor, labios por los que vivir sería un placer, una perdición, si esos labios me llamaban, no podría evitarlos, si ellos me pidieran algo, lo haría sin preguntas, eran unos labios poderosos, unos labios peligrosos, mis manos dejaron paso a mi boca, que quiso beber de su boca, que quiso comer de su cuerpo, mi boca provocó un estado en mi cuerpo que me hizo enloquecer de deseo, el cuerpo de ella empezó a temblar debajo del mío, me estaba pidiendo a mi….. Ella quería ser parte de mi……. fundirnos el uno dentro del otro, fue entonces cuando lo vi. Era pequeño, no tenía una forma definida pero estaba allí, una mancha, el cuerpo que vibraba debajo de mi, no era perfecto como yo había imaginado, tenía una mancha en la base del ombligo, una mancha que me resulto erótica e hizo que mi excitación se acelerara, no era perfecta, era mejor que un sueño, volví a la realidad y me encontré bañado en sudor sobre el suelo y a mi lado estaba ella, desnuda sudorosa también, jadeante, su pecho se mecía al compás de su respiración, y su olor se respiraba por toda la habitación.

Debí quedarme dormido, y cuando desperté, me encontré sobre el suelo tumbado con un frío que me recorría por dentro, imaginé que la había vuelto a soñar, volví a encerrarme, a pintarla, a dibujarla, esta vez sabía que no tenía el cuerpo perfecto, pero me resistí a dibujarla con aquella mancha, era algo extraño, pero aquella mancha no formaba parte de mis sueños, pero si de mi realidad y no podía ser compartida, la imperfección aquella vez fue real, real para mi solo.
Al cabo de un tiempo, un crítico entro en mi tienda y vio mis cuadros de ella, decidió que eran perfectos y entonces empecé a tener éxito. Ahora siempre la sueño, y como siempre mis sueños son perfectos, y mi realidad es que cuando duerme en mi cama la veo, como es…… imperfecta para unos……. perfecta para mi.

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