Las cosas de Pandora
historias eróticas principalmente, aunque una parte mi forma de ser, también quede reflejada.

El viaje de pandora

Álvaro y yo siempre hemos sido compañeros de oficina,él es el jefe del  departamento de diseño gráfico y yo una de las diseñadoras gráficas mas importantes de la empresa, nuestra relación siempre ha sido de amistad, nunca hemos rivalizado por la posición en la empresa, siempre nos hemos ayudado, supongo que porque empezamos juntos en esto y a cada uno nos gusta la parcela en la que trabajamos.

Ernesto es el jefe supremo, siempre es condescendiente con nuestros errores y apoya nuestra creatividad, solemos acertar en todas las campañas que realizamos, en definitiva está bastante contento con nosotros, somos un equipo.

 En la oficina hay mas gente, está Marisa, y Elizabeth, son la recepcionista de la empresa y la secretaria de  Ernesto, luego hay otros diseñadores muy jóvenes, van de fiesta casi todos los días y no tienen mas que la responsabilidad de acudir al trabajo todos los días, son felices, viven sin hipoteca, y muchos hasta sin coche, su madre les prepara la comida y les lava la ropa, lo veis???? Nunca les preocupa nada a no ser su ordenador claro, son muy geeks!!!!! En cambio, a mi me preocupa todo, si tal empresa quiere un cartel de tal estilo, pero a mi me gustaría venderles otra idea, que si Álvaro sabrá enfocar la nueva idea de la manera que yo le expliqué, si la campaña de fulanito saldrá bien, etc…

oficinas2.jpgEstos días ando estresada pues hemos recibido un encargo para una campaña completa para publicitar un nuevo producto y el cliente está en Madrid, tendré que ir allí a petición de Ernesto, Álvaro vendrá también. Solo para determinar el coste total de la operación, lo suyo son los números, me encanta cuando coge la calculadora y teclea rápidamente con la mano derecha mientras con la otra se toca su cabello ondulado y  sus rizos se deslizan entre sus grandes dedos, sus ojos verdes se mueven rápidos sobre el dossier que tiene a su lado, mientras su mano continúa tecleando, se afloja la corbata y se desabrocha el primer botón, es en ese momento, cuando me doy cuenta de que no saldré de allí hasta muy tarde, los números no cuadran y me necesita. 

Pido comida china, es la única que nos traen a la oficina, el chico de las pizzas dice que no viene, que el portero no le cae bien. Álvaro quiere dejar los números bien atados antes del viaje a Madrid, no quiere sorpresas, yo tengo finalizada mi parte del trabajo y le he puesto al corriente de cuales serán los gastos de mi partida, sonríe al entregarle el informe, sus dientes perfectamente alineados destacan bajo sus gruesos labios,  que haría yo para robar un beso de esos labios?????????? Resolvemos el problema monetario adjuntando un impreso, en el que garantizamos una rebaja del precio según el volumen de anuncios en banderolas realizado, estamos los dos orgullosos de esta treta tan antigua, cuanto más compren más barato les sale. Seré todo un éxito lo presiento. Nos traen la cena, ahora nos relajamos para degustarla, le miro por  encima de la pestaña  de la cajita de comida china, se da cuenta y me pregunta:

– de que te ríes????

 -Que va, si no me estoy riendo, solo hago recuento de cuantas cajitas de fideos chinos habremos compartido en los últimos años.

-Muchas, seguro, cada vez que Ernesto nos mete en un proyecto pasamos muchas noches juntos.

Ahí se quedó callado, y mi alegría se evapora como si nunca hubiera estado, acabamos la cena y nos despedimos hasta mañana, mañana será un gran día, trabajaremos unas horas y después rumbo a Madrid, nos iremos en tren, así nos evitamos el facturar equipaje, tengo todo en casa preparado, así que decido que no me voy a casa directamente, aquí cerca hay un pub al que suelo ir para desconectar un rato, necesito una copa.Cuando llegué al pub, estaba repleto, después dicen que en Barcelona no hay tanta marcha, que vengan a comprobarlo y verán como están los bares!!!!!!! Y más ahora con lo de la prohibición del tabaco, hasta las calles están llenas, pese a se la una de la madrugada de un martes cualquiera. Me senté en una mesa solitaria, escuchando la música que salía, Javier me vio desde dentro y me trajo mi copa habitual, ron con coca-cola, encendí mi cigarro, es todo un rito, dos golpes sobre la mesa, el cigarro entra en contacto con mis labios llenos de carmín, mi mano derecha coge el mechero y la izquierda tapa el flanco por el que se supone viene el aire, la llama sale y prende el cigarrillo. HUMMMM……. dejé que su humo entrara en mis pulmones como si me estuviera ahogando, noté como me quemaba el esófago y mi ansia se calmaba, mi fuerza volvía a mi interior, allí sola me sentía segura, podía ser quien quisiera, podría imaginar quien era. A la primera copa, le siguió la segunda y a esta la tercera, así hasta las tres de la madrugada, en la que llegué en una especie de nube a mi apartamento, no tenía un estado de embriaguez total, sólo aquel punto que te convierte momentáneamente en alguien desinhibido, alguien que es capaz de cualquier cosa, al menos, eso es lo que debió pensar mi acompañante aquella noche. No recuerdo su nombre, pero recuerdo sus manos, fuertes parecidas a las de Álvaro, sus labios recorrieron mi cuerpo en busca de mi sexo, mientras mis manos hacían lo mismo en el suyo. Sin ropa, tendidos sobre mi cama, buscábamos el uno en el otro, la llave del amor que ninguno encontró, sus manos se deslizaban por mi cuello y me arrastraron con fuerza sobre su miembro, el cual estaba erguido y caliente, de sabor suave y ácido resbalaba entre mis labios con prisa, con urgencia.

 amandoseMe separó violentamente de él mientras me obligaba a tumbarme boca a bajo, mis muslos chorreaban mis propios jugos que el se apresuró a beber y sorber con su lengua, hasta que se dio cuenta de que seguiría mojada mucho tiempo, entonces entró dentro de mi con la misma furia con la que me había comido, nuestros cuerpos se enzarzaron en lo que parecía una violenta lucha, cada uno buscaba su propio placer en el cuerpo del otro, hasta que los dos caímos agotados sobre la cama deshecha y sudorosa, en la que nos quedamos dormidos.

A la mañana siguiente la cocina desprendía un aroma a café recién hecho y en el baño se escuchaba el sonido del agua que salpicaba contra la pared de la ducha, entré en el baño desnuda, y contemplé el cuerpo del individuo que había pasado la noche conmigo, he de decir que no tengo mal gusto. Salió de la ducha mostrando todo su cuerpo, esbelto, fornido, musculoso, aquel morenazo era el chico que me había traído la última copa, su sonrisa había hecho el resto. Desnudo, se acercó hasta mí y me besó, dijo que lo había pasado genial y que si quería lo llamara cuando quisiera, se vistió, dijo que ya había tomado café y se despidió con un hasta pronto, así acabó aquella noche. Sonreí por dentro, yo lo había pasado bien, no tenía ningún remordimiento por lo sucedido, era soltera, enamorada de otro, pero soltera, para el sexo no se necesita el amor, solo un cuerpo necesitado y el mío lo estaba. Me tomé el café y me duché, tenía preparada la ropa desde el día anterior junto con la maleta ya cerrada, llamé a un taxi, y me dirigí al trabajo. Justo en la puerta tropecé con Antón, me ayudó con la maleta y mirándome directamente a los ojos me dijo que me notaba diferente, que desprendía energía, me ruboricé y bajé la vista al suelo, como si me diera vergüenza lo que mis ojos pudieran decir de la noche que había pasado.

Juntos entramos en la oficina, repasamos todo el dossier por última vez, hablamos con Ernesto  para ponernos en marcha, pero en aquel momento sonó el teléfono, era la mujer de Ernesto, su madre había sido ingresada en el hospital a causa de una caída, que supuestamente le había fracturado la cadera. Ernesto salió disparado diciendo que lo dejaba todo en nuestras manos, que confiaba en nosotros y nos daba carta blanca para lo que creyéramos oportuno, así que nos fuimos solos a Madrid. Viajábamos en un compartimento para cuatro personas, así que disfrutamos del sitio extra que Ernesto nos había proporcionado, charlamos durante todo el viaje como colegas de trabajo, cosas de la empresa, de los clientes de la empresa, de todo lo que no fuera excesivamente personal, yo tenía ganas de saber mas de él, pero ninguna puerta se abrió y no pude entrar.

trenDurante el viaje ocurrió algo, el tren iba a gran velocidad y tomó una curva demasiado rápido, salí desplazada hacia la ventana y mi cabeza chocó contra el cristal, Álvaro se levantó para recogerme, pensando que acabaría en el suelo, me agarró fuerte y mis manos le atraparon con fuerza, fue un segundo en el que mi mundo se perdió en sus ojos y caí al vacío, me desmayé. Solo recuerdo al despertar que Álvaro estaba hablando con un señor en la puerta de la cabina muy educadamente, intenté incorporarme y Álvaro se arrodilló junto a mí para decirme que descansara, en aquel momento me di cuenta de que mi camisa estaba desbotonada por completo y solo me cubría una fina sábana blanca, áspera y dura,

– Ángela, no te preocupes todo está bien, te has dado un fuerte golpe en la cabeza y te has desmayado, pero estás bien, ha venido el médico y te ha hecho un reconocimiento.

Mi única preocupación era si me había visto en ropa interior, pero me sonrojé solo de pensarlo, así que no hice la pregunta. El bueno de Álvaro fue muy atento conmigo y me dio agua, obligándome a beberla despacio. Al pasar el tiempo me encontré perfectamente  y pude pasear por el tren incluso nos tomamos un café en el coche-bar. Llegamos a Madrid sobre las cuatro de la tarde y nuestros clientes nos enviaron una persona a recogernos, era Manuel, un chico joven que trabajaba desde hacía poco en uno de los departamentos de Rikmo, le había tocado el muerto de alojarnos y estar a nuestro servicio para lo que pudiéramos necesitar. Le dije sonriendo que no haría falta, yo conocía Madrid y sus lugares encantadores, además no veníamos para conocer la noche Madrileña sino su día de trabajo, con que nos acompañara al hotel, habría bastante. Manuel me miró con deseo, pero Álvaro apareció en escena como quien es el guardián de una presa, como si yo estuviera a su cuidado y no fuera a abandonarme ni un instante, Manuel se frenó en seco, bajó la mirada retraído, pero yo le quité hielo al asunto acercándome a él y besándole en la mejilla para darle las gracias por llevarnos al hotel. Nos despedimos en la puerta mientras el botones recogía las maletas y las llevaba a recepción. THE WESTIN PALACE es un lujosísimo hotel que tiene una suite con vistas a la Plaza Neptuno con su fuente, era la nuestra, por cortesía de Ernesto, desde Barcelona había cambiado los planes de las tres suites estándar por la de gran lujo, alegando que como ahora solo éramos dos, estaríamos mas cómodos. Nos registramos en recepción y subimos a la habitación, nuestras maletas ya estaban sobre el atril de las habitaciones, la mía disponía de sauna y jacuzzi en el baño, en cambio a Álvaro le toco el baño sencillo, pensé en ofrecerle la sauna para cuando el quisiera, pero me dio vergüenza y no lo hice. Álvaro decidió que deshiciéramos las maletas y ocupáramos el despacho, en una hora vendría José, el director de Rikmo y haríamos las primeras aproximaciones, me pareció perfecto el plan, aunque yo me moría por utilizar el jacuzzi.

despacho hotelEl despacho de la suite, tenía todo lo necesario, conexiones, impresoras, scanner, carpetas en blanco y otras con el membrete del hotel, papel, etc. Era un lugar encantador, su mesa lacada en azul oscuro, su sillón de Luís XV tapizado en el mismo color oscuro y dorado, la chimenea de mármol oscuro con betas blancas, reflejaba la calidad y esplendor del hotel. Allí estuvimos trabajando conectados con los demás diseñadores de nuestra oficina, hasta que llegó José. Era un tipo alto, bastante atractivo, sus cuarenta y alguno con algunas canas en un pelo oscuro, amable, atento, en cuanto se enteró de mi pequeño accidente insistió en que me llevaría a su médico de familia, yo decliné la oferta, durante toda la tarde estuvo pendiente de mí, cuando yo le estaba explicando alguna de las ideas para la campaña, me miraba de una manera que me hacía ruborizar, parecía que me siguiera allá donde estuviera, siempre que levantaba la vista, me encontraba con su mirada, al final llegué a pensar que debía llevar algo en mi cara pegado y no se atrevía a decirlo.  Fui al baño y no encontré nada, aproveché para refrescarme con una de esas toallitas con olor a flores, muy delicadas. Cuando regresé al despacho, no me encontré con la mirada de José, sino también con la de Álvaro, fue como si los dos me dieran un enorme repaso de pies a cabeza. Me sentí  bien, me sentí atractiva, como si unos poderes mágicos, hicieran que aquellos dos hombres hermosos, tuvieran la obligación de ser mis esclavos para el resto de la noche, sonreí y avancé por la habitación ignorando sus miradas. Los negocios iban bien, casi lo teníamos todo listo para acabar de rematarlo al día siguiente en Rikmo, así que José nos sugirió que cenáramos con él, yo iba a aceptar encantada, pero Álvaro se me adelantó, rechazando la invitación por su parte y por la mía, arguyendo, que después del viaje y mi golpe en la cabeza, lo que menos me convenía era salir de noche, no puede protestar y asentí,  la noche madrileña tendría que esperar un día mas………..

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2 comentarios to “El viaje de pandora”

  1. este alvaro no es el de Bea la Fea…..?


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