Las cosas de Pandora
historias eróticas principalmente, aunque una parte mi forma de ser, también quede reflejada.

el final del viaje de pandora

El momento había pasado, nada era igual, nuestras miradas se cruzaron avergonzadas y se hizo un silencio eterno. No volvimos a rozarnos, todo se esfumó como si no hubiera existido, cada uno se dirigió a su cuarto para vestirse apresuradamente para llegar a la reunión, en cinco minutos estábamos listos y en quince estábamos en la puerta del coche alquilado decidiendo quien conduciría por Madrid, sería yo, Álvaro no lo conocía tanto como yo, que tampoco era mucho, pero algo era.coche-alquiler.jpg

Llegamos al Paseo del Prado y no habíamos cruzado una palabra sobre lo sucedido, y por lo visto seguiría así, pasamos Recoletos, la Castellana , Príncipe de Vergara y por fin, en un ambiente que se volvía cortante y tenso llegamos a Diego de León donde se ubicaban las oficinas de Rikmo, un edificio enorme en pleno barrio de Salamanca y muy bien comunicado, en el mismo aparcamiento de la empresa decidí que no esperaría mas, le corté el paso y le pregunté directamente sobre lo que había ocurrido en el hotel hacía apenas tres cuartos de hora, respondió con evasivas, la reunión, la campaña nos convenía, teníamos que calmarnos que aquello no era bueno y me esquivó como pudo adentrándose en el hall de la empresa donde una secretaria nos estaba esperando para acompañarnos a la sala de reuniones.

Llegamos por lo pelos tropezándonos en la puerta con José, que nos saludó alegremente. Nos embarcamos en la vorágine de los negocios, los abogados de Rikmo que querían añadir un par de cláusulas al contrato, a nosotros no nos gustó como estaban redactadas y hubo que cambiarlas, así hasta la hora de la comida cerca de las dos de la tarde. José nos dijo que comeríamos con él, como buen anfitrión.

Dejamos que acabaran los abogados el papeleo y nosotros nos fuimos con José y con Manuel a saborear una comida exquisita en el restaurante El Foque. Siguiendo las indicaciones de José, degustamos tortitas de camarones, croquetas de morcilla, alcachofas rellenas de foie para empezar,  después, continuando con los sabios consejos de José probamos su conocido bacalao a la sidra, aunque según nos comenta José, cualquier receta que este señor tenga con bacalao, resulta sumamente exquisita, y la verdad es que no nos defrauda semejante piropo. Nos deleitamos con unos caldos embriagadores y reposamos la comida con una amable sobremesa que nos dispensaron nuestros anfitriones José y Manuel. Al acabar regresamos Rikmo para, por fin, firmar los contratos de los que Ernesto se sentiría orgulloso de nosotros, habíamos conseguido uno de los mejores contratos de la historia de nuestra empresa, duradero para cinco años.

contratos El hecho es que la firma de contratos siempre es motivo de celebración y Manuel nos invitó a conocer la noche madrileña junto con José, que haciendo referencia a su familia renunció a la oferta, en cambio yo acepté enseguida y Álvaro tuvo que hacer lo propio. Yo hacía muchos años que no había estado, recordaba garitos en algunas zonas, pero lo cierto es que la marcha de esta ciudad se renueva continuamente y así consiguen que todo Madrid vibre con la fiesta. Empezamos tomando unas cerveza en la Plaza Santa Ana, al más puro ambiente castizo, después Manuel nos instó a que le acompañáramos a las bajos Argüelles, allí, Manuel me cogió por el brazo bajo la mirada de Álvaro, el chico aunque bastante joven se deshacía por complacerme, se dedicaba a lanzar frases con doble sentido para que yo me sintiera alagada, me guiñaba el ojo como si entre nosotros hubiera algo, yo dejé que Álvaro lo creyera, pero Manuel tenía ganas de juerga aquella noche, no sé si fueron las cervezas o el jaleo de la fiesta pero Álvaro se iba poniendo de mal humor, pero yo decidí que si el no tomaba la iniciativa se quedaría mirando y me lancé a la fiesta colgada del brazo del jovencito Manuel.

Bailamos en la pista de locales increíbles llenos de universitarios, muchos de ellos conocidos por Manuel, yo iba un poco bebida y cuando Manuel se me echó encima para darme un beso se lo devolví, a todo esto Álvaro perdió los nervios me agarró por el brazo y estiró de mi atrayéndome hacia su pecho, cuando estuve en su regazo le miré y sonreí pensado que iba a besarme, pero lo que hizo fue gritarme, diciendo que si sabía lo que hacía, que parara de beber, que estaba borracha y que nos fuéramos de allí inmediatamente. Prácticamente me puse a llorar pero reuní las fuerzas necesarias para contestarle:

-¿Para qué? ¿Para qué quieres que vayamos al hotel, eh Álvaro? ¿Quieres llevarme allí y que me meta sola en la cama? pues no, yo no voy, vete tu solo, me quedo con Manuel.

 Este volvió a aparecer en mi brazo como por arte de magia y rostro triunfal, así que Álvaro totalmente hundido se fue solo. A partir de ese momento todo rastro de alcohol en mi cuerpo desapareció para convertirme en la persona mas triste de todo Madrid, Manuel en un intento desesperado para animarme me llevó al nuevo barrio de Chueca.

Antiguamente un barrio deprimido al que nadie antes, te llevaba de visita, es ahora, un gran barrio, un referente de modernidad y tendencias, gracias a la mayoría gay que se a instalado allí,  sus bares cosmopolitas son preciosos y animados, pero no lo suficiente para mi maltrecho corazón. Manuel encontró un par de amigos y quisieron llevarme a otro sitio, pero ya no pude más y preferí regresar al hotel, al día siguiente salía el tren para devolvernos a Barcelona, a nuestras perfectamente ordenadas vidas. habitacion-hotel.jpg

Nos vimos en el salón de la habitación ya con la maleta en la mano, no pude evitar disculparme por mi comportamiento la noche anterior, el aceptó mis disculpas y se disculpó por haberme querido llevar a la fuerza al hotel, pero según el Manuel se estaba extralimitando en sus funciones dijo con rintintín, noté cierto aire de celos en sus palabras

 – ¿Pero que dices Álvaro? ¿Que crees que Manuel pretendía propasarse conmigo? Estás loco? Manuel es gay y seguro que ha pasado la noche con dos fornidos mozalbetes que encontramos en Chueca.

-Yo he visto el deseo en lo ojos de Manuel, y anoche estaba  descontrolado, si hasta te besó- contestó.

– Claro que sí que había deseo en sus ojos, deseo por ti Álvaro, no por mí, ¿no te has dado cuenta de cómo te mira?

– No. ¿Entonces no hay nada entre vosotros?

– No. ¿Y entre nosotros Álvaro? ¿Hay algo?- inistí yo.

 -De momento nos tenemos que dar prisa para coger el tren y liquidar la cuenta del hotel- dijo, y salió por la puerta sin decir nada más.

 Ya en el tren tenemos una conversación más seria, razonamos los pros y los contras de esta no relación que tenemos, ¡solo ha sido un beso por favor! Estamos en un compartimento para cuatro igual al que utilizamos para venir, sentados uno enfrente del otro, nuestra rodillas se rozan, pero me niego a cambiarlas para no tocarle, mi falda está por encima de la rodilla y sé que Álvaro ha mirado alguna que otra vez de reojo, no se atreve a mirarme a la cara, no quiere llegar mas lejos, lo comprendo, pero yo le deseo, ya no puedo parar de pensar en él.

 

 Recuerdo el beso, nuestros labios se acoplaban perfectamente como si se conocieran de toda la vida, como si juntos hubieran descubierto el mundo, recuerdo el simple contacto de su mano en mi pecho, como se estremeció mi cuerpo bajo ese roce, mi corazón estalla al recordarlo, mis ojos se cierran para seguir recordando, anotando todas las sensaciones para que no se olviden nunca, al volver a abrirlos me encuentro con el rostro de Álvaro a dos centímetros del mío, su mano esta apoyada contra la pared por encima de mi cabeza, sus ojos, ahora me miran fijamente, no me muevo por miedo a que se lo piense y se retire.

 

Desearía cogerle por la corbata y besarle apasionadamente, me ordeno estar quieta y esperar que sea él el que dé el primer paso y lo hace, nos fundimos en un beso lento, sus labios besan los míos, se los comen, nuestras lenguas se retuercen con pasión, coge mi rostro en su mano, con fuerza me levanta del asiento con la otra mano me acaricia y desabrocha un botón de mi camisa, mis manos tienen la misma idea y le aflojan la corbata, sus manos se vuelven mas rápidas y me desabrochan la camisa, el roce con sus manos hace que me estremezca y la piernas me flojeen, intento desabrocharle toda la camisa, tiene que ayudarme, no puedo, cuando todos los botones están sueltos me tomo unos segundos y respiro lo aparto de mi unos centímetros para contemplar su torso desnudo mis manos arrastran la camisa hacia sus hombros y cae hacia atrás quedándose las mangas en su muñecas, mis labios le besan despacio, recorren su tronco mis manos alcanzan las  suyas y se unen, se ajustan entrelazadas, la camisa está ahora en el suelo, sus manos enlazadas con la mías las obligan echarse hacia atrás, quedo atrapada en sus brazos sin querer escapar, sus labios me vuelven a besar y me dice: Te quiero. 

 

amantes.png

 

Prosiguen sus manos, desbrochan mi falda con un movimiento muy diestro, no hacen lo mismo mis manos, que se ven torpes, y lentas, pero el tiene paciencia y me ayuda con ternura, nos desnudamos por completo en el compartimento del tren destino a Barcelona. Nuestra pasión se desató con fuerza, con ella le obligué a sentarse en un asiento, me senté sobre él, introduciéndolo dentro de mí, subía y bajaba llena de placer, sus manos estaban en todas partes, unas veces me rodeaban y sus labios lamían mis pechos, otras acariciaban mi espalda despacio, creando una corriente que me llegaba hasta dentro, otras apretaban mi trasero con fuerza y me ayudaban a subir y bajar sobre él, cada vez cabalgaba con mas fuerza, cada vez mis gemidos eran mayores, cada vez su cuerpo estaba mas tenso,  nuestros jadeos son tan fuertes, nuestro ritmo tan rápido, hasta que la locura nos llega a los dos al tiempo, y caigo a su lado derrotada, pero llena de él. Sus manos siguen acariciando mi cuerpo, me acompañan en el vibrar interior que tengo, sus grandes brazos me recogen y me colocan en su regazo, así, desnudos, me besa, le beso y el beso se hace eterno, un juego entre los labios que no acaba hasta que nos damos cuenta de la proximidad a una estación, nos vestimos y continuamos abrazados hasta llegar a Barcelona.

La separación llegaba lenta, pero era dura, nos besamos delante de mi taxi nos despedimos hasta el día siguiente.  Cuando llegué a la puerta de mi edificio, otro taxi se detuvo detrás del mío, no presté mas atención, cuando abrí el portal una mano fuerte sostuvo la puerta para que yo pudiera entrar, era Álvaro

 – Si tu quieres, no nos separamos mas.

 Ahora siempre vamos al trabajo en el mismo coche y comemos comida china una vez a la semana, en un restaurante precioso que hay cerca de la calle Balmes, Memorias de China, un lugar perfecto para recordar un viaje.

fin.

 

Anuncios

Una respuesta to “el final del viaje de pandora”

  1. hola q me ha encantado la historia wowowo es suave delicada e intensa gracias por dejarnos deleitar con tus historias


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: